Un día de laberintos y sonrisas
Hoy fue otro día increíble en mi práctica de educación inicial. La actividad que preparé para los niños de 5 años fue resolver laberintos, una idea sencilla pero que resultó ser todo un éxito. Desde el momento en que entré al aula, los niños estaban curiosos por saber qué íbamos a hacer, y sus caritas de emoción me llenaron de energía.
Comencé la actividad con una breve explicación. Les expliqué que debían seguir el camino con el lápiz sin salirse de las líneas, y que si se equivocaban, podían intentarlo de nuevo. La idea de ayudar a la ardilla les encantó, y todos estaban ansiosos por empezar.
Repartí las hojas con los laberintos y los lápices de colores. Cada niño eligió su color favorito y se puso manos a la obra. Mientras resolvían los laberintos, me movía por las mesas para observar cómo lo hacían. Algunos niños seguían el camino con mucha concentración, otros se emocionaban tanto que casi salían de las líneas, pero todos lo intentaban con entusiasmo.
Esta experiencia me recordó lo importante que es diseñar actividades que, además de ser divertidas, fomenten habilidades como la motricidad fina, la concentración y la perseverancia. Los laberintos no solo fueron una herramienta para trabajar estas habilidades, sino que también permitieron a los niños sentirse capaces y exitosos.
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